El fracaso es un acontecimiento que es inevitable experimentar en la vida. Llega para retar a toda persona y empujarlo a la toma de nuevas decisiones con las cuales mejorar su estilo de vida, sentirse realizado profesionalmente o para mejorar una situación económica. Para muchos, la palabra fracaso es sinónimo de una oportunidad para moldear la vida; para otros, solo insinúa miedos y pesadillas.

Desde la perspectiva del mundo del emprendimiento, el fracaso constituye siempre un reto y un nuevo comienzo. Es un golpe que en primera instancia duele y genera desilusión, pero que tras aceptar la derrota implica el replantearse una estrategia de cómo seguir adelante con las metas trazadas.

Por eso, el fracaso impacta de manera distinta, para dos tipos de personas. Las que se dedican a su propio empleo y para los que realmente emprendedores que están soñando día a día con superarse a sí mismos. He aquí un acercamiento a todo lo que representa cada uno de los dos.

El empleado

El empleado es una persona que vive un estilo de vida ordinario. Es decir, su enfoque profesional depende de la que pueda ofrecerle una empresa que pague sus obligaciones sociales mes a mes y que le permita tener un sueldo para ir al supermercado, salir de viaje de vez en cuando con su familia, ir al cine los fines de semana y tomarse unas copas con sus amigos los viernes en la noche.

Lo que ocurre es que el empleado se acomoda en un modo de vivir, su ambición más profesional es desempeñarse bien para conservar su trabajo. Un llamado de atención por parte de su jefe puede ocasionar que pase un día fatal, porque no solo cuestiona su talento, sino que supone el riesgo de perder su puesto.

Por lo que el fracaso del empleado se simplifica en la perdida de dicha vacante. Esto es lo mismo que opina el profesional recién egresado, cuyo fracaso lo ve reflejado de antemano en el hecho de que no adquiere un cargo en un proceso de selección. Pueden pasar meses y hasta años, mientras para él o ella el sentimiento de vacío permanece en su mente.

Este tipo de fracaso se alivia por lo mismo con la adquisición de una nueva persona, lo que “condena” a la persona a continuar en el mismo ciclo.

El emprendedor

En el caso del emprendedor ocurre algo radicalmente distinto. Su deseo profesional no se encuentra del todo satisfecho por tener un puesto de trabajo y detesta enormemente que su estilo de vida se convierta en un círculo vicioso donde no pueda explotar al máximo su talento, sus ideas y las iniciativas de ver ciertos proyectos realizados.

Por eso, el fracaso, la sensación de abandono y no sentirse enfocado en hacer lo que más le gusta, se convierte en su combustible para continuar buscando alternativas. El fracaso es parte de su pan diario y su mente no deja de maquinar igual que un buen estratega en cómo seguir adelante con su ambición.

Una ambición que puede ser tan firme como la del artista emprendedor (que a su vez trabaja para una empresa) que debe ingeniárselas para sacar tiempo para disfrutar de su arte, o bien, la del empresario que decide incursionar en un proyecto propio, sacrificándolo todo para involucrarse en ver cómo ese negocio gourmet de comidas rápidas inicia desde un simple local hasta convertirse en una franquicia.

La razón de porqué el fracaso hace parte de su vida diaria proviene de su insatisfacción total de no verse realizado. Asuntos como no sentirse a gusto con sus ingresos o aceptar que su producto y/o servicio puede ofrecer una mejor calidad, se convierten en la dulce pesadilla que lo atormenta diariamente para continuar trabajando.

Conclusión

Tanto el empleado como el emprendedor comparten el enfoque de que trabajar hace parte de su estilo de vida. La ausencia de un trabajo es para ambos la confrontación de no poder ejercer una profesión para ganarse la vida, como también el riesgo de no darle un sentido diario a su diario vivir.

Lo que ocurre es que el empleado se acomoda en la tranquilidad de su sueldo; en ello no hay nada de malo, pero si refleja que está decidido a no soñar más alto y enfrentarse a nuevas conquistas, que es precisamente lo que alienta al emprendedor.

Para este ultimo el fracaso refleja que sus ambiciones siguen sin completarse.

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