Hace unos días la revista semana publicó un ranking de las empresas más innovadoras de Colombia, este artículo arrojó muchas conclusiones no muy alentadoras, y bastantes críticas sobre la metodología utilizada para la elaboración del ranking. Unos días después, Esteban Mancuso, a quién suelo leer en este portal, publicó un artículo (http://fluup.co/2017/07/cuales-son-las-empresas-mas-innovadoras-de-colombia/)  con interrogantes sobre la metodología utilizada y sobre las empresas que estuvieron dentro del ranking. No solo estuve de acuerdo con las inquietudes planteadas en el mencionado artículo, sino que pienso que sintetizaron una problemática que se presenta en el país: Las grandes empresas no innovan.

Creo que como punto de partida debemos tener un acuerdo al respecto de lo que es innovación o innovar, pues difiere mucho de contratar con expertos un “workshop” de innovación o creatividad, ni mucho menos tener oficinas “tipo google” o de espacios “creativos” (como ahora la llaman los vendedores). El primer aspecto fundamental que ha sido acogido por la mayoría de autores relevante en la materia es el entender que la innovación se refiere a una acción, como lo es innovar, y a un producto, lo cual sería una innovación; y sólo se entiende como verdaderamente innovador algo que mezcle estos dos (Cogliangro, John: Innovación Inteligente) (También se puede consultar en “Innovación Inversa” de Chris Trimble, o “Zero to One” de Peter Thiel).

Con este punto de partida se establecen al menos cuatro factores fundamentales para poder hablar de innovación y poder medir (de alguna manera) qué tan innovadora es una empresa; estos son los 4 aspectos:

1- Debe existir un gerenciamiento y una manera de tomar decisiones que especial que incremente las medidas que generen un aumento en la habilidad de capitalizar las innovaciones. De nada sirve un área de innovación en las empresas si estas no le terminan generando ningún valor a la compañía.

2- Compartir los principios fundamentales de las compañías con los empleados y debe existir una correlación entre estos y las acciones de la empresa. No se podrá innovar efectivamente si no se conoce la misión de una empresa y su propuesta de valor, en este caso las iniciativas nunca llegarán a ser más que un proyecto.

3- Entendimiento de la necesidad de innovar en cada una de las fases de un proyecto; a esto es lo que varios autores llaman el Ciclo de la innovación, pues no solo se trata de la generación de ideas, o el desarrollo de nuevos productos, la necesidad de innovar debe encontrarse en todo el proceso. “Los pasos finales de cualquier producto o de la elaboración de un servicio y su distribución son igualmente importantes para el cliente” (Cogliangro)

4- Debe existir una financiación constante en Investigación y desarrollo, y esto igualmente debe presentarse en todas las fases, y no solo en la ideación o en la producción.

Así mismo, es absurdo limitar la financiación de un proyecto a resultados anuales o periódicos en un escenario en donde se pretende innovar, más aún cuando estos resultados son medidos con métricas empresariales tradicionales, y no con métricas acordes a la intención de generar innovación; y en ese mismo sentido, resulta aún más absurdo que quienes deban “medir” o “evaluar” los proyectos sean personas que no están en sintonía con el objeto mismo de innovar sino que son operativos de la empresa, que en muchos casos le parece más fácil continuar con los productos, servicios y/o metodologías que ya conoce y maneja.

Hablar de empresas innovadoras en general en nuestra región es casi un imposible, al menos cuando se habla de empresas consolidadas, y resultan siendo empresas extranjeras las únicas que llegan a tener indicios de innovación. No es así cuando se habla de empresas nacientes o pequeñas, quienes parecen ser las encargadas en la región, más que en el resto del mundo, de jalonar la innovación.

 

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