Es normal hoy encontrar que cualquier inversionista interesado en realizar una inversión en alguna startup vende la idea de aportar “capital inteligente”, esa expresión se ha convertido en un caballo de batalla a la hora de intentar llegar a cualquier acuerdo de inversión. Sin embargo, no cualquier servicio ofrecido por cualquiera es verdaderamente valioso como para entenderse como capital inteligente.

Pero empecemos por el inicio, ¿qué es el capital inteligente?

Este concepto se refiere a la capacidad de algunos socios de aportar a una empresa algo más de valor (adicionalmente al dinero) a un emprendimiento. Es así, como como punto de partida parecería lógico entender que tiene que existir una inversión económica, sin embargo en nuestra región algunos no piensan igual, y en la ecuación algunas veces no se incluye un aporte económico a la empresa en la que se está “invirtiendo”. El verdadero concepto de capital inteligente es aquel conocimiento, acceso o experiencia que al ser aportado en una empresa joven es capaz de conseguir resultados de manera directa, bien sea a través de ventas, mejora sustancial en el producto, un ahorro significativo en costos operativos, incrementar capacidad de producción, distribución o venta, etc. Como vemos, este tipo de aportes adicionales al capital económico son muy puntuales y difieren de la posición de consultoría de decirnos “cómo hacer las cosas” o “cómo el consultor haría las cosas” si fuera quien manejara la empresa; todo se basa en los resultados específicos y cuantificables.

Pero ¿cómo podemos evaluar que tan “inteligente” es el capital que un inversionista está ofreciendo invertir en nuestra empresa?

Analizando los siguientes pasos después de recibir una oferta de este tipo podrás determinar mejor qué tanto valor real recibirá tu proyecto con ese inversionista y podrás tomar una mejor decisión:

 

  • Inversión económica: Como se mencionó es vital que exista un aporte económico para que se pueda hablar de Capital inteligente, en caso de no existir se habla de un aporte en especie y es otro escenario completamente diferente. Se recomienda cuantificar económicamente el valor que se le está dando a esos “otros aportes” en relación al aporte capital y que su relación nunca sea desproporcionada.
  • Experiencia y conocimiento real y comprobable: Hoy en día, en estos temas de emprendimiento los “especialistas” o “expertos” abundan y es necesario hacer un buen filtro para al final no ser victima del mercado del humo. También es recomendable que la persona tenga conocimientos específicos en mercados al menos similares y que esta experiencia sea verificada con otros emprendedores en los que el inversionista haya hecho inversiones.
  • Resultados concretos y cuantificables: Los resultados de sus aportes extra deben ser específicos y medidos en el tiempo, siempre teniendo en mente el valor real que la empresa está obteniendo de estos. No se trata de un acompañamiento, sino de una labor realizada para la empresa.
  • Involucramiento vs Asesoramiento: Es diferente el escenario en el que se recibe una asesoría de un externo, alguien que nada tiene que ver con la empresa y que desde afuera intenta ayudar a la empresa a que cumpla algún objetivo; en este escenario se necesita de un involucramiento en la empresa más allá de opinar y dar consejos.
  • Nivel de riesgo: Cualquier inversionista y emprendedor debe asumir riesgos para crear una empresa que tenga algún valor, es bueno medir cual es el nivel real riesgo que el inversionista está dispuesto a asumir. En los escenarios en los que se pretende no asumir riesgos muchas veces se termina pareciendo más a un mecanismo diferente de financiamiento de empresas tempranas que a un compromiso de inversión. Tener esto analizado temprano nos puede evitar sorpresas y decepciones futuras.
  • Mentalidad: Al final creamos empresas porque creemos que podemos hacerlo, y creemos que a través de estas podemos generar algún valor a nuestros clientes. Un empresa tiene un ADN y unos valores que deben ser muy claros y concretos. A la hora de evaluar un aporte de cualquier tipo analizar qué tan alineados están los potenciales inversionistas en este sentido es muy útil y debe ser uno de los filtros más importantes.

Al final, el concepto de capital inteligente se refiere a un involucramiento más amplio del inversionista en la startup y por ende los criterios a tener en cuenta son diferentes y más amplios. Se trata de asegurarnos que ese aporte extra es realmente valioso para la empresa y no se trata de palabras bonitas, y por ende entre más concreto, medible y valorizable sean estos aportes será más efectiva la tarea. En este escenario es siempre recomendable poner hitos y en la medida que vayan siendo cumplidos los aportes van siendo convertidos en acciones.

 

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