Antes de hablar de emprendimiento en el sector cultural, se hace importante retomar el sentido mismo que tiene hablar de Cultura y de su valor en la sociedad.

Hablar del tema en un país como Colombia, o en Latinoamérica en general, plantea una contradicción en cuanto a los parámetros “Universales” para determinar y examinar los mecanismos culturales; sí se tiene en cuenta la tradición crítica de Occidente y la hegemonía de los países desarrollados, la referencia se hace odiosa. El tema supone entonces una visión que permita un diálogo neutral con la cultura mundial, las condiciones de nuestro contexto precisan emplear un método de análisis que logre revelar a nivel local qué es eso que llamamos cultura y que defendemos ciegamente.

¿Por qué es tan importante la Cultura?

Es una pregunta retórica para apuntar que es la cultura por si misma la que se hace importante, se revela, podemos elaborar como hombres los objetos de la cultura, pero su esencia inmaterial trasciende el tiempo, el espacio, la persona e incluso la civilización que lo produjo.

 

Me parece pertinente señalar que convertir la cultura en un producto, es un eslabón en una cadena de sucesos históricos que han hecho que socialmente no podamos relacionarnos sin productos o transacciones. El gran afán por categorizar y modelar los procesos socio-económicos se ha encontrado con el último bastión que la humanidad tiene de su carácter y proceder histórico, se ha encontrado con sus tradiciones, con la naturaleza y con las creaciones humanas como plato fuerte en el banquete dulzón que es la libertad del individuo moderno.

Sin embargo, la cultura escapa a la pregunta por si sola, sobre pasando cualquier intento por definirla, al ser un reflejo natural de las acciones que repetimos socialmente.

Así, en los últimos años, los oficios creativos en Latinoamérica se fueron adaptando a las tendencias del contexto mundial, y sus actores sobreviviendo económicamente de forma independiente, asumiendo la responsabilidad de llevar el hilo del comercio del entretenimiento y de la cultura. Convirtiéndose así en un sector que viene creciendo silenciosamente, supliendo las necesidades que otros sectores afines han encontrado en sus negocios al enfrentarse con el mercadeo y la tecnología actual, y al mismo tiempo sosteniendo y manteniendo la producción artística que surge de las propias necesidades creativas y tradicionales del ser humano.

Tras algunos años de mayor atención estatal al sector, crecimiento de la inversión privada, y viendo que los negocios de la industria tienen vínculos comerciales y se mantienen en dialogo con todos los sectores de la sociedad, finalmente, el BID (Banco Interamericano de Desarrollo)[*], los gobiernos de la región, el Ministerio de Cultura de Colombia[†], y los miembros creyentes de las industrias creativas y culturales, encontraron un orden y van buscando también modelos, para hacer de esta industria motor fundamental del desarrollo de la región en los próximos años. El orden de la apuesta institucional es mapear la industria creativa y cultural a nivel regional, con el compromiso de los gobiernos, para así entender cómo funciona y hacer un diagnóstico de la situación actual. En el caso colombiano el Ministerio de Cultura ha invertido en una medición lo más exhaustiva posible de las prácticas y oficios región por región.

Esa propuesta, esa empresa, poco tiene que ver con la cultura que se refiere a un proceso de adaptación y relación con el contexto tradicional, sino que bordea los linderos de los oficios creativos buscando definir cual es ese mercado que se vislumbra, sobre todo en busca de saber cómo funcionar para potenciarlo dentro de los intercambios político comerciales.

Ahora, todo ser humano tiene derecho a ganarse la vida con lo que le gusta, vamos a justificar esa idea hablando desde el punto de vista de las industrias creativas y culturales.

No todos somos emprendedores, así como no todos somos artistas, pero todos somos cultura. Así que más allá de una definición satisfactoria de emprendimiento cultural, que permita dilucidar los actores a los que hace referencia el término y las condiciones de aplicabilidad en la amplia gama de los oficios creativos y tradicionales, me interesa observar las aristas de la relación entre cultura y emprendimiento. Pasando por las oportunidades económicas que se muestran evidentes y en busca de aquellas estructurales que abren el camino a nuevos planteamientos en nuestras formas de relacionarnos como individuos.

El sector creativo y cultural representa una parte de la sociedad que históricamente ha sido trabajador libre o auto empleado, lo cual no quiere decir nada en cuanto a emprendimiento como tal. Sin embargo, la apuesta del BID y los gobiernos no responde a sueños de nubes en el aire, sino a números e indicadores económicos en crecimiento.

Nada más en el sector audiovisual en Colombia durante los últimos 5 años se puede haber quintuplicado la cantidad de escuelas, productoras, casas de renta, festivales, etc.

 

Vamos a asumir cierto el supuesto de la doble vida del artista, que no quiere ya ser “el artista del hambre”, y por un lado trabaja produciendo material comercial y por el otro tiene sus proyectos personales (reflejo de un dilema que atañe a todos los individuos en mayor o menor medida, sea cual sea su oficio u ocupación); navegando el sueño de “El banquero anarquista” significa que cada trabajador del sector es un potencial artista.

Ahora, ¿seguro queremos tantos artistas? ¿La propuesta atiende ambos intereses o es un camino para que cada creador elija?

En cuanto a Cultura y oficios del sector, es reducido el campo de referencia y análisis con respecto a su carácter individual, personal y “espiritual”. Y es muy valido romper con la pregunta acerca del Arte y avanzar, asumiendo que el Arte es responsabilidad de quien así lo sienta y que no es mejor un artista que un técnico.

Teniendo esto en cuenta, no es pertinente ni siquiera entrar a valorar el papel del arte en todo esto. El arte, como pocas otras cosas, tiene la capacidad de evadir las lógicas temporales económicas y políticas, aún haciendo parte de ellas las despedaza desde adentro, las lleva al marco de la conciencia humana.

En cuanto a emprendimiento, el sector debe asumir a nivel individual, privado, comunitario, su papel en la economía; por ejemplo, teniendo en cuenta e interesándose por temas como inversión, mercados potenciales, innovación, desde la perspectiva de la creatividad y también de los negocios, atendiendo las necesidades básicas y aprovechando el apoyo que brindan hoy los lideres del desarrollo. Entrar a competir a nivel económico es un deber, pero la responsabilidad está también en que no puede ser una meta que permita el auto-sabotaje, no cualquier medio está justificado, no es posible sacrificar el patrimonio y el valor inmaterial de Colombia.

 

El Estado y los miembros del sector en Colombia, tenemos la responsabilidad de definir políticas que permitan el desarrollo de proyectos en todos los campos de la cultura, incluyendo y comprometiéndose con el apoyo a procesos que no estén basadas en lógicas económicas tradicionales.

Uno de los mejores ejemplos, aunque satírico, es el saludo wayuu de los niños a los visitantes, extendiendo su mano para pedir dinero, comida, ropa, etc. Esa es la situación de la cultura actualmente en Colombia, desde mendigar hasta aplicar a convocatorias, todas las posibilidades de recibir apoyo dependen de cierta capacidad comercial, más o menos sofisticada. Sin embargo seguimos pidiendo ayudas y dependiendo de ellas, evadiendo una cierta “responsabilidad comercial”.

Apaciguar el impacto (satánico históricamente) de la transmisión y el intercambio de saberes, en distintos niveles, reconociendo que cualquier sector necesita su ejercito de patriotas productores de cultura y dejando que su impulso financie aquello que va más lento, que aun no es mercancía por que no necesita serlo, es como reconocer el valor genuino del oro que nunca debió irse, no como riqueza sino como tradición.

Se debe volver la vista, aunque sea por curiosidad, para atender el punto de referencia a partir del cual ha surgido el apoyo a la cultura, en tanto es importante que una sociedad joven pueda definir sus propios intereses desde el marco amplio de las relaciones humanas, de la historia, la memoria y a través de las políticas e iniciativas privadas y comunitarias.

Los dos focos principales de referencia: USA y Europa; son hoy actores que de cierta manera necesitan nuevos aires. Para no salir del tema, los músicos en Barcelona hoy viven una situación en donde se les hace imposible sobre vivir a través de su oficio. El impacto de la Cultura y del turismo han desplazado a todos aquellos que simplemente vivían de conciertos pequeños en bares locales o de tocar en la calle y en los metros. Los grandes espectáculos, como el Sonar, el Primavera Sound Festival, así como los taquillazos, mezclado con las restricciones del espacio publico y comercial, han hecho que hoy los músicos se pregunten qué papel juegan realmente en su comunidad.

 

Tal vez es tiempo de intentar algo diferente. En una sociedad que fantasiosamente tiene a la uniformidad, donde llevar un estilo de vida al margen requiere una estrategia y una inversión de algún tipo; los músicos, pintores, fotógrafos y demás personas que desempeñamos un oficio en el sector creativo y cultural, debemos dejar la dependencia asistencialista y redentora, no razonar bajo la lógica dual de las convocatorias o los negocios, de que el arte y la cultura son sectores que deben gozar de la benevolencia del Estado y del ensalzamiento público.

Elegir apostarle al valor de la cultura, así como al de la naturaleza, no tiene precio ni es negociable, y tal vez nos pueda sacar del embrollo materialista romanticón del artista y el artesano modernos. Y más bien, modestamente y más allá de las inquietudes o destrezas personales, ponerse en el oficio de participar activamente emprendiendo y empoderándose con la economía.

¿Qué transformación cultural más potente que una sociedad que comprende su economía?

Tal vez solo es cuestión de dar un paso más a partir de la frase de Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”, “que me encuentre emprendiendo”, dejar de creer que nuestra obra más intima, nuestro proyecto más loable, tiene un valor económico per se. La rentabilidad tiene unos parámetros y unas características que hay que cumplir, y que es necesario adaptar en todos los niveles de los negocios del sector.

Podemos más bien soltar la contradicción entre arte y espectáculo, lo importante es aprender y aprehender del momento histórico y arriesgarnos a lo desconocido.

 

Las sociedades de América Latina nos hemos convertido en comunidades de comerciantes creyentes, el camino de adaptación ante las condiciones (naturales o no) va formando individuos trabajadores y esperanzados, que hacen parte de una sociedad joven que está en crecimiento y que representa lo que en economía llaman un bono demográfico.

En eso va el mestizaje, el hombre libre deja de ser el centro del universo y se reintegra con el otro y con la tierra, la oferta de mercancías disponibles excede los limites del conocimiento humano, la red virtual se ha convertido incluso en un acompañante espiritual, siendo la espiritualidad ya una mercancía disponible.

Esto determina nuestras posibilidades en este momento histórico.

La buena noticia es que las herramientas y el conocimiento están al alcance, para saber de mercados, finanzas, inversión, tecnología, etc. Sólo hace falta reconocer que somos sociedades de mercado, masas de gente con sistemas democráticos en desarrollo y con un fuerte impulso en el orden económico y científico. El oficio de la cultura no puede desconocer que nuestra sociedad desplazó los intereses filosóficos, sociales e incluso políticos ante una prioridad de la ciencia y la economía por un lado, y el espectáculo, el entretenimiento y el ocio por otro. Así, todo esfuerzo debería reconocer de entrada que en la actualidad colombiana el valor que cobra la cultura tiene todo que ver con su potencialidad como mercado emergente.

¿Cuál es el objeto entonces?

Celebro que los oficios de este sector (creativos y tradicionales) encuentren un espacio en el desarrollo y el progreso, y que así como los proyectos sociales, la sostenibilidad y la ecología, encajen en las prioridades económicas.

Sea cual sea el rumbo y las definiciones institucionales sobre el presente y el futuro del sector cultural, son las industrias creativas y culturales las que tienen la responsabilidad de generar sus propios modelos. La apuesta no puede ser hecha por agentes ajenos con intereses netamente económicos, ese sólo debe ser el soporte para que el emprendimiento venga desde los actores de las industrias.

 

La apuesta del sector cultural debería ser por un emprendimiento que promueva una cultura sostenible, y todos los actores culturales abordar el oficio con un doble objetivo: trabajo efectivo y apropiación de la Cultura.

El trabajo efectivo ha tenido un gran avance durante los últimos años, en cuanto a apoyo estatal, iniciativas institucionales que han atraído a otros sectores, promoción internacional y formación en una técnica impecable. Sin embargo, salvo algunas empresas ya constituidas, los artesanos, creadores, gestores y empresarios, la mayoría siguen ganando y teniendo las mismas oportunidades. A falta de iniciativas privadas e independientes que se salgan del modelo de negocio de producir contenidos.

La apropiación de la Cultura se refiere a que somos los actores del sector los que tenemos la posibilidad de definir, por ejemplo, cuales son los productos de las diferentes empresas. Más allá de que hagamos danza, teatro, pintura, cine, esos no tienen por qué ser los únicos y más rentables productos. La incursión de los medios y el video en el área de cultura empresarial es un ejemplo de lo que quiero decir. Esto permite nuevos campos de acción y la posibilidad de no depender únicamente del estado o de la inversión de agentes ajenos, sino que puede fortalecer realmente el sector y tomar posición como parte de la comunidad.

[*] La economía naranja, una oportunidad infinita. Felipe Buitrago é Iván Duque. Edición BID

[†] Diagnóstico del desarrollo cultural de Colombia. Ministerio de Cultura de Colombia. 2013

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