Cuando se habla de innovación en el campo del emprendimiento el tema pareciera dimensionar una dificultad superior, pues es fácil coincidir con el planteamiento que el emprendimiento innovador presenta una mayor dificultad que una idea de negocio que cubre una oportunidad pero sin mucho grado de innovación; sin embargo, cuando es momento a la de convencer con una idea de negocio, esto siempre  será proporcionalmente más difícil entre mayor sea el grado de innovación.

Hace un tiempo, en un panel de selección de startups, una de las actividades que más disfruto y de la que más he llegado a aprender, una idea fue rechazada con el argumento que el problema que intentaba resolver era un problema muy grande (un “chicharrón muy grande” como coloquialmente argumentaron), y se le sugirió a los emprendedores encontrar un modelo más sencillo y fácil de materializar.  Y, sin entrar a analizar si en ese caso fue correcto, o si tenían razón, este hecho si me generó el interrogante de realmente entender cómo se puede calificar el grado de innovación sin llegar a limitarla en el intento, pues en principio siempre he creído que entre más grande es el problema que se resuelva más innovadora es la idea y mayor éxito podría llegar a tener, en el caso en que se hagan las cosas correctamente.

Y es que una idea o concepto innovador lo llega a ser por el hecho de ser un camino que en principio no es el utilizado por la mayoría, ni es un concepto que esté dentro de la lógica colectiva de las personas, por esa razón hacer que la mayoría entienda una idea innovadora pareciera ser contradictorio o limitante, al menos en principio.

Uno de los conceptos más apasionantes sobre la innovación en el emprendimiento, en relación a la innovación surgida en una gran empresa, es el teoría de las 100 aprobaciones requeridas en una gran empresa, en contraste de la única aprobación requerida en un emprendimiento para llegar a materializarse y por ende a innovar. Es decir, en una gran empresa un proyecto que puede llegar a ser innovador, debe pasar por la aprobación de todas las instancias empresariales para llegar a ser aprobado, al final el proyecto puede llegar a tener un 99% de las aprobaciones necesarias y caerse porque faltó ese 1% restante. Mientras tanto, en el emprendimiento, una idea innovadora generalmente tiene un 99% de respuestas negativas, por parte de clientes, inversionistas, entidades, convocatorias etc, y tan solo un 1% de aprobación (un cliente, inversionista etc) puede significar que esta idea tiene futuro, y así con el tiempo, podrá ir convenciendo a más personas, a mayor número de personas que convenza mayor grado de éxito.

Generalmente lo difícil de estas aprobaciones proviene del hecho que en la realidad un porcentaje de personas muy bajo son quienes llegan a innovar realmente en sus trabajos, empresas o proyectos, es más, es por esta razón que son innovadores, pues logran analizar algo o resolver una tarea de una manera que los demás no lo hacen. Es por esto que encuentro algo ilógico pretender “calificar” la innovación con criterios mayoritarios, y más que todo, por personas que no son de ese pequeño grupo de personas que llegan a innovar, sino que lo hacen con análisis de situaciones y factores ya existentes y estudiados anteriormente. Al respecto, hace un tiempo también, uno de los emprendedores que mayor éxito ha alcanzado a nivel internacional y que he tenido la oportunidad de conocer, se cuestionaba sobre el por qué en la región eran pocos los casos de éxito internacionales en el emprendimiento, y entre otras razones cuestiono algo con lo que desde ahí he estado de acuerdo: “¿que pasaría si un proyecto como facebook, Airbnb, Uber, Instagram (o cualquiera de los unicornios de mayor recordación) llegará a ser analizado por un inversionista colombiano durante su etapa temprana? ¿o si se encontrara en un panel de selección para una convocatoria compuesto por mentores nacionales?”. Seguramente no sería atractivo para ninguno, porque no tiene una forma de monetización directa en inicio (como facebook), porque no tiene facturación, porque es muy difícil, y en últimas porque es un problema muy grande. Y la justificación a esto la explicaba de una manera muy concreta, la falta de visión a mediano y largo plazo; en este ecosistema todos quieren soluciones mágicas, rápidas, sencillas y más seguras, dejando de lado todo lo que tenga incertidumbre, y como es de esperarse las soluciones que cumplen con estos criterios tienden a presentar un menor grado de innovación; generalmente, son viables por cortos periodos de tiempo, y son difíciles de internacionalizar.

Realmente este inmediatismo y búsqueda de soluciones con visión a corto plazo, creo que deben ser los retos a resolver en la construcción de un ecosistema de emprendimiento con pretensión de ser importante. Los siguientes pasos pueden ser útiles para desarrollar un ecosistema altamente innovador:

1) Articular desde todos los escenarios posibles la capacidad de generar empresas e ideas de negocio con posibilidades internacionales, que resuelvan grandes problemáticas y no pequeñas necesidades locales.

2) Encontrar como incentivar la innovación en el emprendimiento sin limitarla con los criterios de selección desde el inicio, sin necesidades y visiones de corto plazo y/o “fáciles”. Generalmente lo fácil no es novedoso, lo que se debe buscar es simplificar problemas complejos, y no se debe entender lo fácil con lo simple.

3) No pretender calificar habilidades y cualidades de un equipo emprendedor por medio de personas sin estas habilidades y cualidades. Queremos innovación? Que personas que han innovado califiquen y acompañen a los emprendedores.

 

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