Un buen ecosistema de emprendimiento en el mundo está conformado por al menos tres agentes fundamentalmente: emprendedores, inversionistas y entidades de apoyo, cada uno de estos con roles diferentes que juntos potencializan los proyectos hasta llevarlos al éxito, en un mayor o menor porcentaje.

Muchos de los emprendedores de estas regiones (cada vez más) nos estrellamos con la dificultad de encontrar los capitales de riesgo destinados al emprendimiento y la innovación. Adicional al riesgo personal y profesional que trae consigo el emprendimiento para quien lo ejecuta, pareciera que en nuestra región ese riesgo fuera aún más alto, pues es poca la tracción entre inversión y emprendimiento.

El rol del emprendedor es claro, soñar con algo que en principio sólo tiene valor para el mismo, para así por medio de su trabajo (mucho) y apasionamiento empezar a convencer a más personas del valor que su proyecto tiene, es así como empieza a consolidar una empresa: a medida que más personas convence, más exitosa será empresa. De esta manera, es inalterable ese proceso en donde el emprendedor materializa una idea y por medio de su trabajo la valoriza y la hace atractiva para el mercado en general. En esta tarea es común que se cuente con la colaboración de entidades de apoyo, pero es inherente al emprendimiento que el emprendedor sea quien lidere esta fase y asuma los riesgos propios.

Por su parte, el rol de las entidades de apoyo es brindar al emprendedor soporte al menos en temas de comunidad, de conocimiento y mecanismos de acceso a información y ecosistema. Es generalmente, una tarea que viene siendo ejecutada por entidades públicas a nivel local y/o regional, sin embargo, cada vez en los ecosistemas más desarrollados aparecen nuevos agentes privados que satisfacen las necesidades de este tipo de rol, incubadoras, aceleradoras, capital semilla etc… El reto, es brindar apoyo de calidad de manera eficiente para los emprendedores de manera que se les brinden herramientas necesarias para que puedan ejecutar sus ideas y proyectos de la mejor manera. Se debe superar la falencia que en este sentido se ha presentado de “cumplir” esta labor a través de “especialistas/consultores” que en nuestro mercado se han auto nombrado mentores.

Por último, el rol del capital para el correcto desarrollo del ecosistema pareciera ser la rueda olvidada en este tema hasta el momento, al menos en nuestra región. Cada vez es mayor la inconformidad experimentada por los emprendedores al respecto del acceso a capitales de riesgo. Y es que sin duda, pareciera como si no existieran estos capitales, pues ni los montos, ni los riesgos que se pretenden asumir son los adecuados para el correcto oxigenamiento del emprendimiento. Hemos llegado a conocer casos, en los cuales “inversionistas” han exigido a los emprendedores garantías reales sobre sus inversiones, exponiendo los bienes propios y de familias a cambio de una “inversión”, con lo que, en caso de fracasar han tenido que cubrir este monto con su patrimonio. Los grandes retornos que en el mundo se han presentado en el emprendimiento, han sido y son consecuencia de inversiones a riesgo, en etapas tempranas y que permiten a los proyectos superar su etapa de consolidación, no antes mientras el proyecto es una fantasía, ni después cuando la empresa ya es una realidad.

Si bien es cierto cada una de las tres áreas mencionadas tiene retos y deficiencias, es claro que donde se presenta una mayor lejanía con ecosistemas de emprendimiento desarrollado es en el capital, tanto en la cantidad del mismo, como en los riesgos que se asumen.

Hoy todos en nuestra región hablamos de ecosistemas de emprendimiento, de ángeles inversionistas, emprendedores y de muchos negocios que alrededor de esto se están generando, sin embargo pareciera más una moda que una realidad, por lo menos hasta que cada uno de los agentes indispensables para la creación de un ecosistema asuman su rol,o abandonen y solo queden quienes verdaderamente lo asuman.

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