La mayoría de nuestros interrogantes a la hora de emprender están relacionados con nuestras capacidades, y sí estas serán suficientes para tener éxito en este campo. Este cuestionamiento nos lleva entonces a una pregunta más amplia ¿Es nuestra educación la adecuada para emprender? Nuestra respuesta es contundente: nuestro sistema educativo no es el adecuado.

La innovación y la creatividad, son habilidades claves en el emprendimiento, y al parecer son limitadas por el sistema de enseñanza tradicional. El nuestro es un sistema educativo en el cual el “error” es castigado, y está compuesto por un camino que todos debemos atravesar con éxito, obteniendo las mejores calificaciones posibles, aprendiendo lo que es considerado importante y al ritmo que es acordado como normal. Al castigar el error se termina induciendo a las personas a estar de acuerdo con lo que es el camino en sí mismo, y en la forma de transitarlo que según lo acordado “está bien”. Sin embargo, en mi opinión, este tipo de prácticas pedagógicas deja por fuera la creatividad, herramienta básica a la hora de emprender o innovar; pues ese castigo al error genera un miedo en a errar, a estar equivocado, y un principio básico para la formación de esta habilidad es el no tener miedo a estar equivocado a la hora de crear.

Sumado a lo anterior, está el hecho que nos encontramos inmersos en un tipo de educación que nos “brinda” (o no) garantías de aptitudes a través de títulos académicos, razón por la cual el intentar un camino diferente y no titulado, como lo sería el emprendimiento, genera un máximo grado de desconfianza e incertidumbre. Según datos de la Unesco, durante los próximos años más gente llegará a graduarse de la universidad que el número de profesionales en toda la historia del universo, es claramente resultado de un crecimiento exponencial de nuestro sistema educativo y una contundente muestra de lo alineados que nos encontramos en nuestra concepción de aquello que está bien, de lo que es adecuado y de lo que no lo es. Lo “normal” termina siendo lo adecuado para nosotros como miembros de esta sociedad.

Considero este hecho como una clara muestra de las falencias de nuestro sistema educativo, pues aunque pareciera ser un éxito por su crecimiento y el crecimiento exponencial de sus usuarios (todos nosotros), es un sistema en el cual nos educan para obtener certezas, respuestas únicas, y peor aún, una sola forma de entender la realidad. Una comunidad requiere de múltiples talentos, personalidades y habilidades y creo que es en eso que ha fallado nuestro sistema.

En mi opinión, existen dos tipos de personas, unos quienes esperan los viernes con ansias para poder salir de su rutina y destinar algo de su vida en cosas que realmente disfrutan (la mayoría), pues en sus vidas el trabajo y el gusto son dos cosas opuestas; y otros, quienes disfrutan toda su semana, son apasionados por lo que hacen, y logran disfrutar de su trabajo, ellos son lo que hacen, dejar de hacerlo simplemente significa renunciar a lo que son, a sus convicciones y a sus sueños. Son estos segundos, quienes logran desarrollar su capacidad creativa e innovadora. Este segundo tipo de personas, son en su mayoría quienes han sido capaces en algún momento de su vida a salir de lo regular, lo usual y lo más transitado, son quienes han arriesgado en algún momento romper con los paradigmas y han logrado aprender a sentirse cómodos con el desconocimiento y la falta de respuestas únicas y exactas.

Todo lo que se da por hecho, lo que es porque sí, lo que es normal y lo que se ha convertido en paradigma solo es una forma de limitar la innovación y la creatividad, para crear algo hay que cuestionar todo lo que tenemos como seguro, revalidar cada convicción y no sentirnos incómodos con la inseguridad… De la incertidumbre y la falta de respuestas es de donde a lo largo de la historia han nacido las grandes creaciones del ser humano. Innovar es crear una nueva visión de algo, y para crear una nueva visión de algo no hay que limitarse a hacerlo de la misma manera, con las mismas asunciones y actuando igual; de esta manera sólo obtendremos los mismos resultados que ya se han obtenido.

Y es que esta capacidad creativa es un regalo que se nos ha dado, sobre el cual debemos estar conscientes y sobretodo intentar promoverlo en las nuevas generaciones. Es necesario que no esperemos a que solo algunos sean quienes toman ese camino, sino promoverlo en todas las personas. Es en ese sentido que varios intelectuales han creado la teoría de la revolución del sistema educativo, con la cual me encuentro de acuerdo, pues no es suficiente con llenar de reformas el existente. Se requiere crear un nuevo sistema educativo, hay que convertir la educación en otra cosa; hay que trabajar por una educación en la que se incentive el valor creativo e innovador de las personas, hay que brindar mejores herramientas a la hora de emprender.

También es necesario crear escenarios formativos en los cuales se evite que se entienda la vida como una línea recta con un resultado determinado, sino incentivando a entenderla como una creación propia que va siendo recreada por el camino cuando exploramos quiénes somos y cuáles son nuestros talentos, cuándo fallamos, fracasamos y también cuándo tenemos éxitos. Así, con seguridad, el grupo de quienes disfruta toda su semana será cada vez mayor.

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