Durante los últimos años se ha venido hablando bastante acerca de los modelos de negocio generados desde la economía colaborativa, y esta discusión siempre tiene en cuenta grandes casos de éxito mundialmente reconocidos, e inmensos casos de fracaso; sin embargo estos modelos de negocio son cada vez más comunes y muestran un crecimiento exponencial.

Más allá de la descripción teórica profunda de lo que es la economía colaborativa, tema que ha sido abordado de muchas maneras y que se hace recurrente, lo que toma mayor importancia son los grandes cuestionamientos de lo que está detrás del crecimiento de esta clase de economía, que es lo que la hace tan especial, y sobretodo, su sostenibilidad.

Una definición básica de lo que és la economía colaborativa podría definirla como un modelo económico que se basa en el intercambio entre particulares, no profesionales necesariamente, de bienes y servicios que en la mayoría de su tiempo se encuentran subutilizados, a cambio de una contraprestación pactada directamente entre las partes, generalmente más pequeña que la que se pagaría por el bien o servicio adquirido a un comercializador profesional. Según la autora Rachel Bostman, este modelo económico se basa en el principio fundamental de entender que “lo mío es tuyo, a cambio de una pequeña contraprestación”.

¿Qué cambio cultural trae consigo el crecimiento de la economía colaborativa?

Hace unos años hubiera sido imposible pensar en una manera diferente de aproximarse a los productos que por medio de su adquisición, como en los casos de vivienda, vehículos, electrodomésticos y hasta servicios; el poder económico se encontraba arraigado al poder adquisitivo de manera incuestionable, y para aquello en lo cual el costo de adquisición pudiera llegar a ser más alto que el beneficio recibido simplemente existían profesionales quienes prestaban sus servicios de manera empresarial, por ejemplo hoteles o carros de renta.

Sin embargo, este tipo de consumo ha generado problemáticas grandes e insostenibles en el tiempo, y sobretodo, es un tipo de consumo completamente ineficiente, pues es costoso y por ende reduce el acceso a productos a grandes porciones de la población, y así mismo trae consigo una sobreproducción innecesaria propia del consumismo tal y como lo hemos conocido tradicionalmente. Y es que como lo vemos el mundo ha cambiado, y así lo hemos venido haciendo las personas, hoy nuestros incentivos son diferentes y nuestras motivaciones de consumo han venido cambiando sustancialmente. Hoy el principal beneficio que la sociedad busca en su consumo es la experiencia vivida, y no el producto en sí mismo; hoy, el consumidor se encuentra más orientado hacia el servicio que el producto le presta, y no hacia el producto como unos años atrás.

De esta manera, asi como hace varias décadas se generó el concepto de la necesidad de la productividad de las tierras por parte de sus propietarios, hoy pareciera aparecer un nuevo concepto relacionado con la productividad en una mayor escala de los productos y de mayor acceso a estos, generando un mayor beneficio social py reduciendo el impacto ambiental de la sobreproducción. Sin duda, estos factores hacen que las nuevas generaciones encuentren maneras diferentes de relacionarse con los productos; los bienes que compraban las generaciones anteriores, eran adquiridas a grandes costos y con la intencionalidad de ser casi inagotables, o por lo menos su época productiva era larga, como los carros, televisores y cualquier electrodoméstico, pero la relación con estos productos se daba por medio de la adquisición y era la única manera de obtener los servicios que el objeto brindaba. Ahora estamos viviendo una era de economia de acceso, donde esta relación de objeto y propiedad cada vez pierde relevancia, mientras el acceso a sus servicios presenta cada vez mayor importancia.

¿Qué encuentran los millones de usuarios de economías colaborativas que no encontraban en los modelos tradicionales?

Los millones de usuarios de este tipo de modelos de negocio han encontrado posibilidades ilimitadas de obtener servicios y experiencias de manera más eficiente. Seguramente hace 20 años poder tener la experiencia de vivir unas semanas en Nueva York de la manera más parecida a alguien local habría sido casi una utopía, las opciones más cercanas de hacerlo eran pagar un hotel o hospedarse en donde un familiar o amigo. Hoy, miles de personas lo hacen no solo en las grandes ciudades, sino en cualquier parte del mundo, por costos que en promedio llegan a ser del 45% de la estancia en un hotel.

Y ese es el valor diferencial que encuentran los usuarios de la economía colaborativa, el poder acceder a servicios y experiencias de manera eficiente, que por medio de la tecnología se genera el sentimiento que podemos acceder a todo de manera inmediata y fácil, generando asi una era de consumismo eficiente y de manera más utilitarista, en el que el concepto de propiedad tradicional al menos es replanteado y se integran conceptos cada vez de mayor importancia como la economía del acceso.

Adicional a lo anterior, los usuarios de estos modelos de negocios encuentran como bienes completamente subutilizados pueden al menos generar y/o reducir algunos costos de su mantenimiento, como en el caso de los vehículos compartidos. Asi que los propietarios de estos bienes, pueden recibir algún ingreso en los espacios donde los tenían sin ningun tipo de uso. Es asi como en los últimos años han crecido negocios basados en este modelo económico en el cual sus usuarios comparten electrodomesticos, espacios físicos, conocimientos, vestidos de lujo y hasta espacios para la generación de energía limpia, los cuales están cambiando nuestra aproximación como sociedad con todo lo que nos rodea.

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